SALUD  11 de enero de 2018

Cuando al pueblo se le cierran las puertas a la cultura

Continuando con la actual política de desarticulación de espacios culturales, el gobierno nacional cerró el programa Danza por la inclusión (por Gustavo Massad)

En estas últimas semanas ocurrieron muchos hechos que tal vez hubieran merecido unos minutos de mi tiempo para comentarlos, pero no lo hice, tal vez porque pese a su gravedad, sólo son nuevos pasos en la dirección inconveniente (no diré equivocada, porque no se están equivocando).

Hoy ocurrió un hecho que para mucha gente, lamentablemente es un hecho menor. Hoy el Ministro de Cultura de la Nación, Pablo Avelluto, decidió cerrar el programa "Danza por la inclusión" que dirigía el talentoso bailarín y coreógrafo Iñaki Urlezaga. La justificación: "no tenemos los recursos". Si hay recursos para pagar tasas ridículas a los especuladores que "invierten" en LeBac, los hay para pagar más de $230000 por una palmera en la Casa Rosada o para gastar 1,5 millones en carritos de golf para la Quinta de Olivos, o para pagar salarios de más de $100000 a algunos amigos y familiares, o para bancar con publicidad oficial a los multimedios amigos, o para sacarles impuestos a los sectores concentrados del campo, de las multinacionales energéticas, las mineras o la banca privada. Claro, después de todas esas graciosas concesiones de este gran modelo "nacional", poco puede quedar para la educación, la ciencia o la cultura.

El ballet de Iñaki Urlezaga no era un cuerpo de danza clásica más, era un grupo de creativos de nivel internacional que llevaba la danza y la cultura a todos los rincones del país, y acercaban el arte de más alta calidad a muchos hombres, mujeres y niños que jamás podrían pagar la entrada a un teatro como el Colón o similares. El mismo director postergó muchas veces una carrera exitosa en los escenarios más consagrados del mundo para abocarse a una tarea que le encomendaron en 2013, y gracias a la cual no sólo se generó una fuente de trabajo y de creatividad para quienes participaron del proyecto, sino que llenó de belleza, aunque sea durante el breve instante de sus actuaciones, a poblaciones postergadas u olvidadas, que nunca pudieron acercarse a un gran centro urbano, y mucho menos a uno de sus teatros. Iñaki nos acercaba un mundo nuevo, muy diferente a eso que nos muestran quienes manejan los hilos del espectáculo en los grandes mass media.

El de hoy también fue un paso más en la dirección inconveniente, pero a mi me resulta particularmente doloroso, porque priva a muchas personas de la posibilidad de asomarse a un modo diferente y muchas veces revolucionario de ver la realidad. Concluyo entonces, que el motivo del cierre es el miedo a eso que nos regala el verdadero arte realizado por verdaderos artistas: las ansias de libertad, eso que es tan peligroso.

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